Mitología y Heroes by Skymoon

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SERES MITOLÓGICOS enero 17, 2008

Archivado en: Mitología griega — skymoon @ 6:50 pm

Los primeros de quienes quiero ocuparme son los CÍCLOPES, seres monstruosos, gigantes que poseían un único ojo situado en medio de la frente. Solían aparecer agrupados en tres hermandades; los cíclopes uranios, los cíclopes herreros y los cíclope pastores.

Los cíclopes uranios, hijos de Gea y Urano, fueron arrojados al Tártaro por su padre, asustado de sus poderes. Su madre y sus hermanos los Titanes, encabezados por Crono, les ayudaron a liberarse y con su ayuda destronaron a Urano, al que Crono había castrado. Pero Crono, temeroso también de su fuerza, les arrojó nuevamente a los Infiernos. Zeus les liberó definitivamente y estos, en agradecimiento, le ofrecieron el rayo, el relámpago y el truno, entregando además a Hades un casco y a Poseidón un tridente. Apolo les mató para vengar la muerte de su hijo Asclepio, ya que Zeus había utilizado el rayo de los cíclopes para fulminar a este.

Los cíclopes herreros ayudan a Hefesto, en las fraguas del dios, situadas en las entrañas de los volcanes, forjando las armas de los dioses y los héroes. A veces se confunden con los cíclopes constructores, que erigen las murallas de las ciudades.

Los cíclopes pastores, dedicados al cuidado de sus rebaños de ovejas, son sin embargo peligrosos. Salvajes antropófagos, viven en las cavernas e ignoran la piedad. El más famoso es Polifemo.

Cita:
POLIFEMO En la mitología griega, Polifemo (en griego, Πολύφημος Polyphêmos, «de muchas palabras») es el más famoso de los cíclopes, hijo de Poseidón y la ninfa Toosa. Se le suele representar como un gigante barbudo con un solo ojo en la frente y las orejas puntiagudas de un sátiro.En el libro IX de La Odisea de Homero, una partida de reconocimiento encabezada por el héroe de la Guerra de Troya Odiseo llegó a la isla de los Cíclopes y se aventuró en una gran cueva, en la que entraron y empezaron a darse un banquete con la comida que allí había. Sin saberlo, dicha cueva era el hogar de Polifemo, quien pronto se topó con los intrusos y los encerró en ella. Entonces empezó a devorar a varios de ellos, pero Odiseo urdió un astuto plan para escapar.

Para hacer que Polifemo se confiase, Odiseo le dio un barril lleno de vino muy fuerte sin aguar. Cuando Polifemo le preguntó su nombre, Odiseo le dijo que se llamaba ουτις outis, un nombre que puede traducirse como «Ningún hombre» o «Nadie», pero que ha sido eludido por autores posteriores. Cuando el gigante, borracho, cayó dormido, Odiseo y sus hombres tomaron una lanza fraguada y la clavaron en el único ojo de Polifemo. Éste empezó a gritar a los demás cíclopes que «Nadie» le había herido, por lo que entendieron que Polifemo se había vuelto loco, llegaron a la conclusión de que le había maldecido un dios, y por tanto no intervinieron. Por la mañana, Odiseo ató a sus hombres y a sí mismo al vientre de las ovejas de Polifemo. Cuando el cíclope llevó a las ovejas a pastar, palpó sus lomos para asegurarse de que los hombres no las montaban, pues al estar ciego no podía verlos. Pero no palpó sus vientres, así huyeron los hombres.
Odiseo escapa de la cueva de Polifemo. Vasija c. 500 adC.
Odiseo escapa de la cueva de Polifemo. Vasija c. 500 adC.

Cuando las ovejas (y los hombres) ya estaban fuera, Polifemo advirtió que los hombres ya no estaban en su cueva. Cuando se alejaban navegando, Odiseo gritó a Polifemo jactándose de que «¡Nadie te hirió, sino Odiseo!». Desafortunadamente, no sabía que Polifemo era hijo de Poseidón, dios de quien ya se había ganado su enemistad al profanar su templo en Troya e idear el saqueo de la ciudad, cuyos habitantes tenían a Poseidón gran estima (aunque Poseidón había luchado bastante tiempo del lado de los griegos durante La Ilíada). Polifemo lanzó entonces una maldición sobre Odiseo, junto con una pesada roca que cayó tras el barco; debido a esto, Poseidón causó gran cantidad de problemas a Odiseo durante todo el resto de su viaje.

Esta historia de La Odisea se cuenta más humorísticamente en el único drama satírico conservado de Eurípides, titulado Cíclopes.

HECATÓNQUIROS En la mitología griega los Hecatónquiros o Hecatónqueros (en griego Έκατόνχειρες Hekatonkheires o Έκατόνταχειρας Hekatontakheiras, ‘los de cien manos’), conocidos también como Centimanos (del latín Centimani), eran gigantes con cien brazos y cincuenta cabezas, hijos de Gea y Urano. Su padre los arrojó al Tártaro, pero fueron rescatados por Crono, al que ayudaron a castrar y derrocar a Urano. Tras ayudar a Crono, éste les volvió a encerrar en el Tártaro, donde permanecieron guardados por Campe hasta que Zeus les rescató. Durante la Guerra de los Titanes, arrojaban rocas de cien en cien a los Titanes.

Al terminar la guerra los Hecatónquiros se establecieron en palacios en el río Océano, convirtiéndose en los guardianes de las puertas del Tártaro, donde Zeus había encerrado a los Titanes. En La Ilíada hay una historia, que no se encuentra en ningún otro sitio, que cuenta que en algún momento los dioses estaban intentando derrocar a Zeus, y éste llegó a ser encadenado por Hera, Atenea y Poseidón, pero fracasaron cuando Tetis invocó a los Hecatónquiros y éstos acudieron en su ayuda. A veces se les considera deidades del mar, y puede que provengan de los pentekonter, barcos con cincuenta remeros.

Los Hecatónquiros eran Briareo (‘fuerte’), Giges y Coto (‘hijo de Cotito’). Homero también se refirió a Briareo como Egeón (‘cabruno’), si bien éste era también el nombre de un dios del mar diferente.

GIGANTES. Estos seres nacidos de Gea (la Tierra) fecundada por la sangre de Urano (el Cielo), a quien su hijo Crono había cortado los genitales a petición de su madre. Los gigantes eran una raza monstruosa, de tamaño “gigantesco” y fuerza invencible, dotados de una cabellera y una barba hirsutas. Conservaban la apariencia humana excepto por las piernas, sustituidas por una cola de serpiente. Aunque eran de origen divino, podían morir a condición de que fueran abatidos a la vez por un dios y un mortal. El motivo más relevante de su leyenda lo constituye su combate contra los dioses, la Gigantomaquia.

Gea les dio la vida para vengar a sus primeros hijos, los Titanes, a quienes Zeus encerró en el Tártaro. Nada más nacer en el suelo de Tracia atacaron al Cielo arrojándole enormes peñascos y árboles en llamas. Incitados por Gea, declararon la guerra a los Olímpicos, que ya se habían preparado para defenderse de su amenaza. En efecto, Zeus, que sabía que para derrotarlos necesitaría el apoyo de un mortal, había engendrado a un héroe de fuerza sin igual: Heracles. Por otra parte, el señor del Olimpo se había apoderado además de la hierba mágica que Gea había producido para que los gigantes fueran invencibles ante los golpes de los mortales.

La batalla se desarrolló en las “Tierras ardientes”, misteriosa región volcánica donde vivían los gigantes. Estos se enfrentaron contra los dioses coaligados arrojándoles rocas, peñascos que arrancaban de las cimas de los montes y antorchas formadas con enormes troncos de robles. Heracles abatió al gigante Alcioneo con una de sus flechas envenenadas y, por consejo de Atenea, le arrastró lejos del suelo donde había nacido para que murise, ya que al entrar en contacto con la tierra volvía a cobrar vigor. Zeus fulminó a Porfirión, que intentaba violar a Hera, y Heracles le remató de un flechazo. Efialtes murió atravesado por dos flechas, una que le entró por el ojo derecho, lanzada por Apolo, y otra que le entró por el izquierdo, arrojada por Heracles. Atenea aplastó a Ecélado cuando intentaba huir del campo de batalla, arrojándole encima la isla de Sicilia; desde entonces yace bajo la isla, arrojando a veces su aliento de fuego por el volcán Etna. La misma suerte corrió Mimante, a quien Hefesto sepultó bajo una masa ardiente de metal y yace bajo el Vesubio. Atenea mató y desolló a Palante, cuya piel conservó para recubrir su coraza. De este modo cada dios abatió a un gigante, al que Heracles remataba luego con una de sus flechas, envenenadas con la sangre de la hidra.

Los Gigantes aparecen en la literatura desde que lo hicieran en la Teogenía de Hesiodo. La guerra anteriormente expuesta fue objeto en Roma, en el siglo IV d.C. de una epopeya de Claudiano, una de las últimas grandes obras de la Antigüedad de inspiración mitológica, de la que solo conservamos el principio. Los gigantes aparecen con frecuencia, en los libros de caballería españoles del siglo XVI, como símbolo del Mal y de la barbarie contra la que el caballero debía luchar. Así tenemos como a partir del Famongomadán que aparece en el Amadís de Gaula, la figura del gigante se va a convertir en una constante del género, y será parodiada por Cervantes en el Quijote en el episodio en que hace luchar a Don Alonso Quijano contra unos molinos de viento a los que confunde con gigantes.

NINFAS, se las sueles hacer hijas de Gea o, más frecuentemente de Zeus. Son jóvenes diosas que personifican las vitalidad y fecundidad de la naturaleza.

Se las suele representar desnudas o semidesnudas, frecuentando parajes naturales como grutas, ríos, bosques o praderas donde cantan, bailan o hilan. Los hombres las dirigen plegarias para que les sean propicias. Poseen facultades proféticas y estimulan el valor y la grandeza de espíritu. Se las encuentra en el cortejo de diosas como Artemiesa o en el de alguna ninfa poderosa como Calipso. Amadas por los dioses (Zeus, Apolo, Hermes, Dioniso, Hades, etc.), son también objeto del deseo de Pan, Príapo y los sátiros. A veces se enamoran de simples mortales, como Hilas. Los antiguos distinguían varios tipos de ninfas; las nereidas del mar, las náyades de los árboles, las dríades de los robles, las oréadesde las montañas, las napeas de los valles, las melíadesde los fresnos, las aliseidesde las florestas…

Cita:
CALIPSO En la mitología griega, Calipso (en griego Καλυψώ, ‘la que oculta’) era, según Homero, el nombre de una bella hija del titán Atlas, que reinaba en la hermosa isla de Ogigia.Cuando Odiseo, que se hallaba a la deriva tras naufragar su barco, llegó a esta isla Calipso le hospedó en su cueva, agasajándole con manjares, bebida y su propio lecho. Le retuvo así durante siete largos años, teniendo de él cuatro hijos: Nausitoo, Nausinoo, Latino y Telégono. Calipso intentó que Odiseo olvidara su vida anterior, y le ofreció la inmortalidad y la juventud eterna si se quedaba con ella en Ogigia. Pero el héroe se cansó pronto de sus mimos, y empezó a añorar a su mujer Penélope.

Viendo esta situación, Atenea intervino y pidió a Zeus que ordenase a Calipso dejar marchar a Odiseo. Zeus envió a su mensajero Hermes y Calipso, viendo que no tenía más opción que obedecer, le dio materiales y víveres para que se construyera una balsa y continuara su viaje. Odiseo se despidió de ella, no sin cierto recelo por si se tratara de una trampa, y zarpó. Algunas leyendas cuentan que Calipso terminó muriendo de pena.

ERINIAS Ó FURIAS, eran espíritus femeninos de la Justicia y de la Venganza, que personificaban un antiquísimo concepto de castigo. Los romanos fueron quienes identificaron posteriormente a las Erinias con las Furias.

Nacidas de las gotas de esperma y sangre que cayeron sobre Gea cuando Crono mutiló a Urano, son por tanto primitivas divinidades ctónicas del panteón helénico, y en este sentido pueden compararse a las Moiras (las Parcas romanas), que no tienen otras leyes más que las propias y no reconocen la autoridad de los Olímpicos, los dioses de la generación más joven.

Aunque en un principio se las mencionaba de forma genérica, terminaron adquiriendo una identidad más precisa. Son tres, Alecto, Tisífone y Megara, representadas como genios femeninos alados con los cabellos entreverados de serpientes y blandiendo antorchas o látigos. Su morada era el Érebo, las Tinieblas infernales. A menudos comparadas con “perras”, vuelven locas a sus víctimas, a las que persiguen sin descanso.

Protectoras simbólicas del orden fundamental del cosmos -el universo organizado frente al caos- y del orden religioso y cívico característico del pensamiento helénico, opuesto a las fuerzas desestabilizadoras de la anarquía, persiguen a todo aquel que haya cometido una falta susceptible de turbarlo, desde las cometidas contra la familia como el pecado de hybris. Castigan especialmente a los asesinos, ya que su crimen es tanto una macha de tipo religioso como una amenaza para la estabilidad del grupo social. Expulsado de la ciudad, el culpable errará de ciudad en ciudad, víctima de la persecución de las temibles erinias, hasta que encuentre una autoridad que consienta purificarlo de su crimen. Las erinias se convierten entonces en las euménides, las “bondadosas”, eufemismo con el que se pretendía halagarlas para desviar su cólera y conseguir que fueran propicias.

Cita:
Ctónico, es un adjetivo formado pobre el sustantivo griego khtôn (la tierra), se aplicaba a aquellas divinidades que tenían por morada habitual las profundidades de la tierra (incluso aunque tuviesen relación con el mundo superior), especialmente Hades, Hécate y Perséfone. Estas divinidades estaban ligadas simultáneamente a las nociones de vida y muerte en la medida en que los vegetales, fuente y símbolo de la vida, hunden sus raíces y extraen su alimento de las profundidades de la tierra.
El animal ctónico por excelencia es la serpiente, y como tan figuraba en el
caduceo de Asclepio, dios de la medicina.Hybris, este término griego no es específicamente mitológico, pero designa una noción que reaparece a menudo en los relatos míticos. La hybris es la “desmesura” y, más específicamente, el “orgullo”, que empuja a los hombres a querer emular a los dioses o a rivalizar contra ellos (en cierta medida puede relacionarse con la noción judeocristiana del “pecado de orgullo”, la soberbia). El término designa también, por extensión, a la “insolencia” y el “furor”, consecuencia del orgullo; en este sentido puede tomar el significado de “violencia”, en especial, “violencia cometida contra un mujer, es decir, una violación”

MOIRAS Personificación del destino que pertenece a cada ser humano, según el lote de dichas y desdichas que le haya correspondido al azar. Estas divinidades suelen ser representadas como tres hermanas que, más que que velar sobre el destino de los hombres, vigilan que este se cumpla. En sus orígenes abstractos e impersonales, la Moira era tan inflexible como el Destino, y todos, hombres y dioses, estaban sometidos a ella; nadie podía transgredir su ley sin poner en peligro el orden del mundo. Cuando llega la “hora” del Destino, el propio Zeus solo está autorizado a retrasar su cumplimiento, nunca a impedirlo.

De las epopeyas homéricas de desprende la imagen de una trinidad de doble genealogía; según una serían hijas de Zeus y Temis, según otra son hijas de Nicte, la Noche, y pertenecerían por tanto a la generación preolímpica. Representadas en lo sucesivo como tres ancianas hilanderas,Cloto “la hilandera”, Láquesis “la suerte” y Átropo “la inflexible”, medían la vida de cada ser humano desde su nacimiento hasta su muerte con ayuda de un simbólico hilo de lana que la primera hilaba, la segunda devanaba y la tercera cortaba llegada la “hora”.

En Roma se las asimila con las PARCAS

HEBE En la mitología griega, Hebe (en griego antiguo Ἥβη Hêbê) era la personificación de la juventud, descrita como hija de Zeus y Hera. Según La Ilíada, Hebe era la ayudante de los dioses: llenaba sus copas con néctar, ayuda a Hera a enganchar los caballos a su carro y bañaba y vestía a su hermano Ares. Según La Odisea, se casó con Heracles tras la apoteosis de éste, siendo sustituida en sus labores por el joven príncipe troyano Ganimedes. Sin embargo, tradiciones posteriores contaban que había sido madre con él de dos hijos, Alexiares y Aniceto, y que era una divinidad con el poder de rejuvenecer a los ancianos, como hizo en una ocasión con Yolao por un día cuando éste iba a luchar con Euristeo.

En el arte solía ser representada llevando un vestido sin mangas.

Fue adorada en Atenas, donde tenía un altar en el Cinosargo, cerca del de Heracles. Bajo el nombre de Γανυμηδα Ganimeda (femenino de Ganimedes) o Δια Dia fue también adorada en una arboleda sagrada en Sición y Flio.

Su equivalente en la mitología romana era Juventas, siendo tradición que los muchachos le ofrecieran una moneda cuando vestían por primera vez la toga de los adultos. Fue adorada desde época muy temprana, pues su capilla en el Capitolio existía antes de que se construyese el tempo de Júpiter. Otro templo de Juventas, situado en el Circo Máximo, fue jurado por el cónsul Marco Livio tras la derrota de Asdrúbal, en el 207 adC, y consagrado 16 años después.

ILITIA En la mitología griega, Ilitía (en griego Ειλειθυια Eileithyia) era la diosa de los nacimientos y las comadronas.

De origen minoico, fue asimilada por los helénicos hasta tal punto que incluso Hesíodo la describió como hija de Zeus y Hera (Teogonía 921), con lo que estuvieron de acuerdo Apolodoro y Diodoro Sículo (v.72.5). Sin embargo, Pausanias citaba otra fuente antigua, hoy perdida: «El licio Olen, un antiguo poeta, que compuso para los delios, entre otros himnos, uno dedicado a Ilitía, la describía como “la hábil giradora”, identificándola claramente con el destino, y la hacía más antigua que Crono» (Descripción de Grecia 8.21.3). Píndaro, un mitógrafo meticulosamente exacto, tampoco hacía mención alguna de Zeus: «Diosa de los nacimientos, Ilitía, criada del trono de la profundas Moiras, hija de la omnipotente Hera, oye mi canción» (Nemeas vii).

Para los griegos clásicos, «está estrechamente relacionada con Artemisa y Hera», afirma Burkert (1985, p.1761), «pero no desarrolla carácter propio alguno.» En el himno órfico a Prothyraia, la relación de una diosa de los nacimientos como un epíteto de la virginal Artemisa, haciendo a la mortífera cazadora también «la que viene en ayuda de las mujeres en el parto» (Graves 1955, 15.a.1), sería inexplicable en términos puramente olímpicos:

Cita:
Cuando atormentada por los dolores del parto, dolorida y angustiada
te invocamos el sexo, para el seguro descanso del alma;
pues sólo tú Ilitía puedes aliviar el dolor,
que intentamos aliviar, pero en vano.
Atemisa Ilitía, venerable poder,
que trajiste alivio en la espantosa hora del parto.
Himno órfico 2, a Prothyraia

Así Claudio Eliano se refería en el siglo III adC a «Artemisa del parto» (Sobre los animales 7.15).

En La Ilíada Homero representa a Ilitía sola, o a veces multiplicada como Ειλειθυιαι Eileithyiai:

La aguda pena del dolor baja sobre la mujer de parto, la amargura que las duras Eileithyiai traen, las hijas de Hera, que ejercen el poder de los amargos dolores de parto
xi.270

Los pintores de vasijas que ilustraban el nacimiento de Atenea de la cabeza de Zeus mostraban a veces a dos Ilitías ayudando, con sus manos alzadas en un gesto de epifanía.

La cueva de Ilitía cerca de Amniso, en la bahía de Cnosos, que se menciona en La Odisea (xix.198) en relación con su culto, era considerada su lugar de nacimiento. Tenía estalactitas alusivas al doble papel de la diosa (Kerenyi 1976 fig.6), de traer el parto y retrasarlo, y se han hallado ofrendas votivas a ellas. En ella fue adorada probablemente antes de que Zeus llegase al Egeo y con toda seguridad en época minoica-micénica (Burkert 1985 p.171). La diosa es mencionada como Ilicia (Eleuthia) en un fragmento en lineal B de Cnosos.

En la época clásica tenía altares a ella consagrados en varias ciudades de Creta (donde fue especialmente adorada), como Lato y Eleuterna, y se cree que se le consagraban cuevas (como la de Inatos), quizá en alusión al canal de los nacimientos. En el continente griego, Pausanias vio en el siglo II adC (Grecia vi.20.1-3), en Olimpia, un arcaico altar con un sótano interior consagrado al salvador-serpiente de la ciudad (Sosipolis) y a Ilitía, en el que una sacerdotisa virgen cuidaba de una serpiente a la que alimentaba con agua y pasteles de cebada y miel. El altar conmemoraba la aparición de una anciana con un bebé en brazos, en un momento crucial en el que los habitantes de Elis estaban amenazados por los arcadios. El niño, al ser dejado en el suelo entre la fuerzas contendientes, se transformó en una serpiente, echando a volar y haciendo huir a los arcadios antes de desaparecer en la colina. Había antiguos iconos de Ilitía en Atenas, y uno de ellos fue traído de Creta, según contaba Pausanias, quien también mencionaba altares a ella consagrados en Tenea y Argos, siendo el de Aigion extremadamente importante.

Junto con Artemisa y Perséfone, a menudo se mostraba a Ilitía portando antorchas para sacar a los niños de la oscuridad hasta la luz. De hecho, su equivalente en la mitología romana respecto a la ayuda en el parto es Lucina (‘de la luz’). En los altares griegos, pequeñas figuritas votivas de terracota («kourotrophos») representaban a una inmortal niñera que cuidaba de los infantes divinos, personaje que puede estar relacionado con Ilitía.

Según el tercer himno homérico a Apolo Delio, Hera retuvo a Ilitía, que venía desde la Hiperbórea en el lejano norte, para evitar que Leto pudiese parir a Artemisa y Apolo, pues el padre de ambos era Zeus. Los demás dioses presentes en el nacimiento en Delos enviaron a Iris para que la trajese. En cuanto Ilitía puso pie en la isla nacieron los dioses.

En la imagen vemos a Atenea naciendo de la cabeza de su padre Zeus, con Ilitia en el lado derecho

 

One Response to “SERES MITOLÓGICOS”

  1. alexis Dijo:

    gracias por los nombres ;) ;););););););)


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